martes, 19 de julio de 2011

Aplastamiento de las gotas.





Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.

Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.

miércoles, 20 de abril de 2011

La felicidad.

Cuando uno es chico (y en el transcurso de su vida) espera la gran felicidad, alguna felicidad enorme y absoluta. Y a la espera de ese fenómeno se dejan pasar o no se aprecian las pequeñas felicidades, las únicas que existen.



viernes, 8 de abril de 2011

Después de las fiestas.

Y cuando todo el mundo se iba
y nos quedábamos los dos
entre vasos vacíos y ceniceros sucios,

Qué hermoso era saber que estabas
ahí como un remanso,
sola conmigo al borde de la noche,
y que durabas, eras más que el tiempo.

Eras la que no se iba
porque una misma almohada
y una misma tibieza
iba a llamarnos otra vez
a despertar al nuevo día,
juntos, riendo, despeinados.


sábado, 2 de abril de 2011

La noche.


No consigo dormir:

tengo una mujer atravesada entre los párpados.




Si pudiera,
le diría que se vaya;




Pero tengo una mujer atravesada en la garganta.

viernes, 1 de abril de 2011

Instrucciones para llorar.


Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.


Tantas cosas.



Si te vas, los árboles del parque seguirán creciendo.
Pasará este otoño, se unirán dos nuevas soledades,
se dirán mentiras, seguiremos locos.
Y en el metro sonreirás dormida,
camino de clases,
Y yo, como siempre, quise llegue tarde.
Seguiré cerrando bares y recuerdos.
No aprenderé nunca a retirarme a tiempo.
Dormiré en la calle, besaré otros fuegos.

La ciudad, que en tu ausencia, seguirá creciendo
Devorando vidas, haciéndolas humo.
Otros cumplirán los planes que trazamos,
Que no terminamos, haciéndolos suyos.

Seguirás llorando en algunos cines
Olvidando todo aquello que aprendiste.
Nacerán mil niños, nuevas canciones,
Y quizás alguno, quizás, lleve tu nombre.
Nuevos simulacros, nuevas confesiones.

Si te vas, los árboles del parque seguirán muriendo,
Y también mi fe.
Seguiré olvidándome las llaves para salir de casa.
Y quizás en tu piel haya quien esconda allí su cansancio,
Todos sus temores o quizás sus labios.
Tantas, tantas cosas seguirán pasando,
Que quizás las cosas no nos cambien tanto.

Pero si te vas, estos dias serán
Esa sucia y vacía franja de playa
Que queda cuando tú te has ido,
Cuando el mar se aleja y la marea baja.
Yo estaré cansado y quizás más viejo,
Maldiciendo esos días muertos.
Tantas, tantas cosas seguirán pasando
Que quizás las cosas no nos cambien tanto.




jueves, 31 de marzo de 2011

La función del arte.

Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
Viajaron al sur. Ella (la mar) estaba más allá de los altos médanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron, por fin, aquellas cumbres de arena, después de mucho camimar, la mar estalló en sus ojos. Y fue tanta la hermosura de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.

Y cuando, por fin, consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
-Ayúdame a mirar!



Táctica y estrategia.

Mi táctica es mirarte:
aprender como sos
quererte como sos.

Mi táctica es hablarte
y escucharte.
Construir con palabras
un puente indestructible.

Mi táctica es quedarme en
tu recuerdo, no sé cómo ni sé
con qué pretexto,
pero quedarme en vos.

Mi táctica es ser franco
y saber que sos franca,
y que no nos vendamos
simulacros.
Para que entre los dos
no haya telón ni abismos.

Mi estrategia es, en cambio,
más profunda y más simple.

Mi estrategia es
que un día cualquiera,
no sé cómo ni sé
con qué pretexto,
por fin me necesites.

De lágrimas somos.


Antes de que Egipto fuera Egipto, el sol creó el cielo y las aves que lo vuelan; y creó el río Nilo y los peces que lo andan; y dio vida verde a sus negras orillas, que se poblaron de plantas y de animales. Entonces el sol, el hacedor de la vida, se sentó a contemplar su obra. El sol sintió la profunda respiración del mundo recién nacido, que se abría ante sus ojos, y escuchó sus primeras voces. Tanta hermosura dolía. Las lágrimas del sol cayeron en tierra, y se hicieron barro. Y ese barro se hizo gente.

miércoles, 30 de marzo de 2011

La pequeña muerte.




No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces del dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien no tiene nada de raro, porque nacer es una alegría que duele. Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte,
la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.